Ocho primos
Ocho primos Bajó el chino de su pértiga y se puso a desenvolver el paquete con gran celeridad y eficiencia, mientras Rosa lo contemplaba preguntándose que pasaría. Al instante, de uno de los envoltorios salió una tetera y sin poderse contener palmeó las manos muy divertida, pues el objeto tenía la forma de un chinito rollizo. Su sombrero era la tapa, su coleta el asa y su nariz el pico. Estaba paradito con sus zapatos levantados en la punta y la sonrisa en su cara soñolienta y gordinflona, tan igual a la sonrisa de Fun cuando enseño la tetera, que Rosa no pudo menos de echar a reír y esto lo alegró muchísimo.
Dos hermosas tazas con tapas y una preciosa bandeja escarlata completaban el juego. inspirando el deseo de tomar un te aunque fuese a la usanza china, sin azúcar ni crema.