Ocho primos
Ocho primos Debemos confesar que una o dos lágrimas oscurecieron el azul de sus ojos y una de las veces, cuando los fuegos artificiales iluminaron intensamente la isla durante un instante y creyó divisar las tiendas, la cabeza de cabello rizado se agacho, apoyándose en la baranda, y una nasturcia que también estaba despierta la oyó murmurar:
—¡Ojalá que allà me extrañe alguien!
Las lágrimas, sin embargo, se secaron, y los ruidos extraños de la noche, que tanto solÃan llamar la atención de Jamie, parecÃan haber entablado una conversación entre montaña e isla. Sonriendo pensaba en la actividad que deberÃan desplegar los chicos para quemar tantos hermosos fuegos sin que la exhibición decayese en ningún momento, cuando de pronto se le acercó el tÃo Mac, diciendo apresuradamente:
—Vamos, niña; ponte en seguida la esclavina, pelliza, o como la llames, y vente conmigo. Vine a buscar a Febe, pero la tÃa me dice que se fue, de modo que vendrás tú conmigo. Fun está en el bote, y quiero que tú también vengas a ver mis fuegos artificiales. Los he preparado en tu honor, de modo que tienes que acompañarme, si no quieres causarme una decepción muy grande.
—Pero, tÃo… —empezó a decir Rosa, pensando que debÃa renunciar a todo lo que fuese diversión—; es posible que…