Ocho primos
Ocho primos Rosa contemplo embobada como la chispa remontaba el espacio y se ensanchaba, convirtiéndose en un jarrón de oro del cual salÃan hojas verdes y luego, en el centro, una flor carmÃn que puso resplandores de ensueño en la oscuridad ambiente.
—¿Es una rosa, tÃo? —pregunto la niña, aplaudiendo entusiasmada el maravilloso espectáculo.
—Por supuesto. Mira ahora, y a ver si adivinas que son esos —le dijo el tÃo, contento igual que un niño.
Debajo del jarrón apareció lo que al principio pareció ser retamas purpúreas, pero Rosa adivinó que representaba realmente y miró embelesada, apoyándose en el hombro de su tÃo y exclamando:
—¡Son cardos, tÃo! ¡Cardos escoceses! Siete, uno para cada chico…. ¡Qué ocurrencia genial!
Su risa incontenible la forzó a sentarse en el fondo del bote, y desde allà miró el resto del luminoso espectáculo.
—Ha sido estupendo y estoy satisfechÃsimo de haberlo ideado —dijo el tÃo Mac, transportado de gozo por su propio éxito—. Ahora, ¿quieres que te deje en la isla o que te lleve de vuelta a la casa? —añadió, levantándola con expresión tan cariñosa que la niña le dio un beso.