Ocho primos
Ocho primos —Quiero volver a casa, tÃo; y le agradezco mucho por este rato inolvidable que me ha permitido pasar. Se que voy a soñar con las cosas que he visto —contestó Rosa con decisión, aunque a intervalos miraba de reojo la isla, tan cerca en aquel momento que creÃa oler la pólvora y ver las figuras sombreadas que correteaban por allÃ.
Fueron a casa, y Rosa se durmió diciéndose:
—Fue más difÃcil de lo que supuse, pero estoy contenta de haberlo hecho, y no necesito más pago que la satisfacción de Febe.