Ocho primos
Ocho primos POBRE MAC
EN cierto sentido fue un fracaso el sacrificio de Rosa, pues aunque los mayores la reverenciaron más después de aquello, y así lo demostraron, en los muchachos no provocó el respeto repentino que ella creía. Más aún, tuvo que ofenderse un poco al escuchar que Archie decía que no le veía punta al asunto, y el Príncipe acrecentó su desazón al manifestar que era una perfecta tontería.
Se comprende que experimentase toda esa desazón, pues aunque una no espere que suenen trompetas, siempre es grato que las virtudes propias sean reconocidas y es forzoso sentirse desengañada cuando tal cosa no tiene lugar.
Pronto llegó un momento, no obstante, en que Rosa, sin habérselo propuesto, se captó no solo el aprecio de sus primos, sino su gratitud y afecto también.
Poco después del episodio de la isla, Mac sufrió un ataque de insolación y durante un tiempo estuvo muy mal. Fue tan repentino que a todos los tomó de sorpresa, y durante algunos días la salud del niño peligró mucho. Se curó poco a poco, sin embargo; y entonces, precisamente cuando en la familia reinaba de nuevo la alegría, una sombra siniestra se cernió sobre ellas.
Mac empezó a quejarse mucho de la vista, cosa comprensible, pues la había esforzado mucho, y como nunca fue muy fuerte, el sufrimiento era doblemente lógico.
