Ocho primos
Ocho primos —Claro que no les diré nada; pero cualquiera de ellos se sublevarÃa de igual modo ante un… un contratiempo como este. Estoy segura de que te vas a portar admirablemente, y sabes de sobra que estas cosas no son tan terribles cuando uno se habitúa un poco. Además, es por un tiempo solamente, y si bien no puedes estudiar, son muchas las cosas gratas que puedes hacer. Tendrás que llevar antiparras azules tal vez; ¿no te parece divertido?
Y mientras pronunciaba todas estas palabras de consuelo, Rosa le lavaba suavemente los ojos y humedecÃa la frente caliente con agua de lavanda. El paciente, inmóvil, la contemplaba con expresión que aumentaba el dolor de la niña.
—Homero fue ciego y Milton también y a pesar de su ceguera pudieron realizar una obra inolvidable —dijo Mac como hablando consigo mismo, en tono solemne, pues ni siquiera los anteojos azules provocaron una sonrisa.
—Papá tenÃa un cuadro que representaba a Milton en compañÃa de sus hijas, las cuales escribÃan lo que él les dictaba —dijo Rosa con voz grave, tratando de salir directamente al encuentro del niño—. Siempre me pareció un cuadro esplendido.