Ocho primos
Ocho primos —Tal vez. Anoche no dormà mucho, y además soñé como un condenado. Oye, lo que puedes hacer es decir a todos que ya estoy enterado, y que está bien; pero no quiero que hagan un escándalo, ni vengan a poner cara de asustados a mi lado. Nada más, y ahora vete, para que yo procure dormir. ¡Ojalá pudiese dormirme un año entero y despertarme curado!
—¡Cómo lo desearÃa yo también!
Rosa dijo esto con vehemencia tal, que Mac se sintió conmovido y a tientas le buscó el delantal, tomándolo de una punta, como si hallase consuelo en tenerlo cerca de si. Pero todo lo que dijo, fue:
—Eres un tesoro, Rosa. Cántame «Los abedules», que es somnolienta y siempre me adormece….
Muy contenta con el resultado de sus pacientes súplicas, Rosa empezó a cantar, con voz monótona, la bella balada escocesa cuyo estribillo repite:
Bella niña, ¿vas a ir, vas a ir a los abedules de Aberfeldie?
No podrÃamos decir si la bella niña fue o no, pero nuestro amiguito tardó menos de diez minutos en transportarse a reinos de Morfeo, exhausto por efecto de las malas noticias y el esfuerzo realizado para aceptarlas varonilmente.