Ocho primos

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CAPÍTULO 12

LOS OTROS CHICOS

ROSA contó a «la gente» lo que había ocurrido, y ninguno de ellos «hizo escándalo» ni dijo palabra que pudiese inquietar a Mac. Este charló con el médico y no fue mucho el consuelo que sacó, pues descubrió que lo que «podía hacer» era justamente no hacer nada; pero la perspectiva de poder estudiar algo más adelante, si todo andaba bien, lo animó a sobrellevar mejor los horrores del presente. Determinado en este sentido, se comportó tan admirablemente que todos se maravillaron, pues jamás supusieron que el tranquilo Gusano fuese capaz de tanta hombría.

Los niños se impresionaron mucho, tanto por la magnitud de su aflicción como por la forma en que la soportaba. Fueron muy buenos con él, pero no especialmente sagaces en sus esfuerzos por alegrarlo y darle ánimo; y con frecuencia Rosa lo encontró abatido después de una visita de condolencia del clan. Siguió la niña manteniendo su puesto de enfermera y lectora, aun cuando los niños hicieron lo que podían, pero en forma irregular. A veces se sorprendieron de que los servicios de Rosa fuesen preferidos a los suyos, y en secreto se confiaron mutuamente que «Mac se estaba aficionando mucho a los mimitos». Pero esto no impidió que reconociesen lo servicial que ella era, ni dejasen de admitir que era la única que se había mantenido fiel, constatación que motivó cierta compunción en alguno de ellos.


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