Ocho primos
Ocho primos Rosa tuvo la sensación de que ella mandaba en aquel cuarto, ya que no en otros sitios, pues la tía Juana dejó en sus manos muchas cosas, una vez comprobado que la práctica adquirida en el cuidado del padre enfermo la había capacitado como enfermera y que su juventud, en casos de esta índole, era más ventaja que inconveniente. Rosa se encariñó rápidamente con el paciente, aunque al principio lo consideró el menos atrayente de sus siete primos. El chico no era cortés y sensato como Archie, sumiso y atento como Esteban, alegre y hermoso como el Príncipe Charlie, divertido como los mocosuelos, ni confidente y efusivo como el pequeño Jamie. Se lo notó rudo, distraído, descuidado y torpe, más bien cazurro y nada agradable con una chica amorosa y dulce como Rosa.
Pero cuando empezó el malestar, la niña descubrió muchas buenas condiciones en su primito y no sólo aprendió a compadecerlo, sino a respetar y amar al pobre Gusano, que se esforzaba por ser paciente, valeroso y alegre y esto le resultó más difícil de lo que suponían todos, con la única excepción de su pequeña enfermera, que lo veía en sus momentos más tristes. Pronto llegó al convencimiento de que los otros no apreciaban debidamente a Mac, y en cierta ocasión hizo algo que causó una impresión profunda en los muchachos.