Ocho primos
Ocho primos Faltaba poco para que concluyesen las vacaciones y se acercaba el momento en que Mac se encontraría fuera del mundo escolar que tanto lo deleitaba. Esto lo entristeció mucho, y los primeros se esforzaron en todo sentido por animarlo, en especial cierta tarde en que todos parecieron movidos por un rapto unánime de compasión. Jamie descendió trabajosamente la montaña con una cesta de zarzamoras que había recogido «él solito», cosa que bien demostraban sus dedos rasguñados y sus labios sucios. Will y Geordie le llevaron sus cachorritos para que hiciesen más llevaderas sus horas de dolor, y los tres mayores intentaron entretenerlo con una charla sobre baseball, cricket y temas similares, pintiparados para recordar al inválido sus privaciones.
Rosa había salido en coche con el doctor Alec, el cual declaró poco antes que la veía más pálida que un brote de patata confinado a sitios oscuros. Pero todo el tiempo la niña no hizo otra cosa que pensar en el primo y apenas retornó fue corriendo a su habitación, donde encontró la confusión más espantosa.