Ocho primos
Ocho primos —Vean, muchachos, si lo que quieren es ser buenos con Mac, ésta es la forma en que pueden hacerlo. No sigan hablando de cosas que él no puede hacer; ni vayan a contarle como se han divertido jugando a la pelota. Busquen un buen libro y léanle un rato; anímenlo para que no sienta la pena de no ir a la escuela, y ofrézcanle ayuda para el estudio; eso pueden hacerlo mejor que yo, porque soy mujer, y no aprendo griego, latín ni esas cosas eruditas.
—Sí, pero tú puedes hacer un sinfín de cosas mucho mejor que nosotros y ya lo has demostrado —dijo Archie, cuya mirada de aprobación halago mucho a Rosa. Sin embargo, la niña no pudo menos de dirigir a Charlie una nueva pulla y levantando un poco la cabeza, al tiempo que retorcía el labio para disimular el esfuerzo por contener una sonrisa, dijo:
—Has dicho de mí cosas que no me han gustado.
Esta observación dio motivo a que el Príncipe se tapase la cara con las manos, y Esteban levantó la cabeza, orgulloso al ver que el ataque no iba dirigido contra él. Archie rió, y Rosa, viendo un humilde ojo azul que se guiñaba en dirección hacia ella detrás de dos manos morenas, le pegó un tironcito a Charlie en la oreja y alargó la rama de olivo de la paz.