Ocho primos

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CAPÍTULO 15

PENDIENTES

EL accidente de Rosa resultó ser grave, en virtud de haberlo descuidado al principio, y el doctor Alec le ordenó estar acostada en el sofá durante una quincena por lo menos; ella refunfuñó por lo bajo, pero no se atrevió a quejarse abiertamente, por miedo a que los chicos la abrumaran con sermones para incitarla a tener paciencia, como los que ella les endilgó antes.

Tocó ahora el turno a Mac, y el chico cumplió honrosamente su deber de gratitud; pues, como no podía concurrir aún a la escuela, disponía de mucho tiempo y casi todo lo dedicó a Rosa. Hizo muchas cosas por ella, y hasta le permitió que le enseñase a tejer, después de asegurarse que muchos valientes escoceses fueron hábiles en el manejo de las agujas largas. Antes de consentir, sin embargo, Rosa debió jurar que a nadie revelaría el secreto, pues el chico pensaba con espanto en la posibilidad de que los otros le pusiesen el apodo de «Abuelita», o cosa parecida, y la proximidad de los representantes del clan hacía que los trastos de la labor desaparecieran como por encanto, con el consiguiente detrimento de la banda que estaba tejiendo en el nuevo cubrecama de Rosa.


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