Ocho primos
Ocho primos —¡No digas! A ver, a ver, déjame mirar ese libro —y la tÃa Clara examinó los modelos con más respeto, pues si la elegante señora Van Tassel se ponÃa aquellos adefesios, no serÃa cuestión de quedarse atrás, por mucho que su juicio sereno le dijese lo contrario.
El doctor Alec miró a Jessie y ambos sonrieron, pues la pequeña mamá estaba en el secreto y para ellos era motivo de gran regocijo.
—Creo que con eso no hay más que hablar —dijo Alec, con una inclinación de cabeza.
—No esperé que la señora Van me tomase la delantera; siquiera una vez en la vida he adoptado una moda antes que Clara —dijo la señora Jessie, correspondiéndole con una seña igual—. Me he mandado hacer un traje suelto, y no pasarán muchos dÃas sin que me vean fugando a la escondida con Rosa y los muchachos.
Mientras tanto, la tÃa Abundancia examinaba las prendas de Rosa, la cual se habÃa quitado el saco y el sombrero y estaba explicándole los detalles.