Ocho primos
Ocho primos —Ahora tenemos que darnos prisa en vestirnos, pues hay mucho que hacer en un dÃa como hoy, y quiero terminar temprano, para probar los patines antes de comer.
—¡Cielos! Yo tendrÃa que estar pasando el plumero en el vestÃbulo ahora mismo —y ama y criada se separaron contentas como unas Pascuas, tan contentas que con sólo mirarlas cualquiera se hubiese dado cuenta de que era Navidad.
—Rosa, el Bosque de Birnam ha venido a Dunsinane —dijo el doctor Alec, abandonando la mesa para abrir la puerta y dar paso a una procesión de ramas de acebo, abeto y cedro que subÃan por los escalones.
Bolas de nieve y exclamaciones de «Feliz Navidad» se cruzaron rápidamente durante algunos minutos; luego todos se dedicaron a adornar la casa, pues la familia comÃa toda junta en aquellas ocasiones.
—He andado a caballo un montón de millas, como dice Ben, para conseguir este hermoso ramo, y voy a colgarlo allà como toque final de este zafarrancho — dijo Charlie, que estaba atando la rama verde a la araña de la sala.
—No es muy bonito —expresó Rosa, mientras adornaba la chimenea con relucientes trozos de acebo.