Ocho primos
Ocho primos En el preciso instante en que le tocó a Rosa contestar, se oyó la voz de Jamie que gritaba desde fuera «¡Vengan, vengan pronto!». Rosa se puso en pie de un salto, perdió el sentido de la pregunta, y oyó que la gritaban a coro: "¡Prenda! ¡Prenda!!; y del coro formaba parte la voz del pequeño traidor.
—¡Por fin! —pensó el joven bribón, y en el interior de su pecho el corazón le saltaba de alegría.
—Ahora estoy perdida —pensó Rosa, mientras entregaba su alfiletero con un gesto desafiante que a otro que no fuese el intrépido Príncipe hubiese conturbado de seguro. Éste, sin embargo, recapacitó un rato, y decidió no tratar de forzar su triunfo, pues Rosa había demostrado que no le faltaban recursos.
—He aquí una hermosa prenda; ¿qué pena impondremos para rescatarla? —preguntó Esteban, poniendo el alfiletero en la cabeza de Charlie, pues había insistido en ser juez y se reservaba para el final.
—¿Fino o superfino?
—Super.
—Muy bien; que atraiga a Mac bajo el muérdago y lo bese con toda su alma. ¡Cómo se pondrá el pobre! —y el villano rió para sus adentros, anticipándose el desconsuelo que causaría a dos seres inocentes.