Ocho primos
Ocho primos Asà era, en efecto, pues Rosa acababa de arrancar el muérdago arrojándolo al fuego, mientras los chicos le gritaban al abatido PrÃncipe y ponderaban la habilidad de Rosa.
—¿De que se trata? —preguntó el menor de los dos Mac, traÃdo de pronto a la realidad por todas aquellas carcajadas, en las cuales no tardaron en participar los mayores.
La griterÃa fue infernal más tarde, cuando después de explicarle las cosas, Mac adoptó una actitud meditativa y contempló a Rosa a través de sus antiparras, diciendo filosóficamente:
—Bien… No creo que habrÃa opuesto mucho inconveniente si lo hubiese hecho.
Esto los hizo reÃr a más no poder y sólo el fondo de reflexión que alentaba en ellos hizo que dejaran de acosar al pobre Gusano, el cual no podÃa ver nada divertido en la hermosa resignación de que acababa de hacer gala.
Muy poco después, al descubrir a Jamie acurrucado en un rincón del sofá, dormido como un lirón, cayeron en la cuenta de que era hora de acostarse y todos se pusieron en movimiento.