Ocho primos
Ocho primos —¡Déjame ver! ¿Qué es eso? No hablaré, si deseas que Debby no se entere.
—No es nada. Estaba tratando de estudiar un poco, pero soy tan torpe que no adelanto nada —contestó la chica, aunque se advertÃa que no era su voluntad revelar esa debilidad; y su amita se enterneció al ver los esfuerzos que realizaba por adquirir alguna instrucción.
HabÃa un trozo de pizarra, proveniente de una rotura del techo, un pedacito de lápiz, de una o dos pulgadas de largo, un viejo almanaque que hacÃa las veces de libro de lectura, varios trozos de papel de envolver cuidadosamente planchados y cosidos en forma de cuaderno, y como modelos de copia varias recetas de cocina escritas con la letra clara de tÃa Abundancia. Todo esto, además de un frasquito de tinta y una pluma oxidada, completaba el equipo de Febe y no era de extrañarse que avanzara poco, a pesar de la paciente persistencia con que secaba sus lágrimas de desesperación y conducÃa la pluma chillona con tanta voluntad.