Ocho primos

Ocho primos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Está bien. ¿Cuánto necesitas? —y Rosa sacó su carterita.

—¿Podrías desprenderte de cinco peniques? Deseo pagar una deuda de honor que es muy urgente —agregó Esteban con un aire de importancia que tenía mucho de cómico.

—¿Acaso no son de honor todas las deudas? —preguntó con inocencia Rosa.

—Sí, por supuesto; pero se trata de una apuesta que hice, y tengo que pagarla en seguida —explicó Esteban no sin cierta turbación.

—No apuestes, porque no está bien, y se que a tu padre no le gustaría. Prométeme que no lo harás de nuevo —y Rosa apretó la mano en que acababa de poner el dinero.

—No, no lo haré más. Me ha preocupado mucho, pero no fue mía la culpa. Gracias, primita. Ahora me siento bien —y Esteban partió apresurado.

Resuelta a hacer de pacificadora, Rosa esperó una oportunidad, que no tardó en presentársele.

Pasaba el día con la tía Clara, que había tenido algunos invitados jóvenes, a los cuales quiso que Rosa conociese, pues pensaba que ya era hora de que Rosa venciese su timidez y alternase un poco en sociedad. Después de la comida, todos se marcharon. La tía Clara estaba descansando, antes de salir a una fiesta y Rosa esperaba que Charlie viniese para acompañarla a su casa.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker