Ocho primos
Ocho primos —Nada de eso. Eso es precisamente lo que necesitas, pues te han mimado demasiado. Son buenos chicos y tendrás que tenerlos más o menos cerca durante algunos años, asà que más vale que se hagan amigos y compañeros cuanto antes. Te buscare chicas también, si puedo encontrar alguna que no este echada a perder por razón de una educación tonta.
—Febe es bastante buena, sin duda, y me gusta, aunque apenas si la conocà ayer —dijo Rosa, despertándose del todo.
—¿Y quién es Febe?
Rosa le dijo con entusiasmo todo cuanto sabÃa, y el tÃo Alec escuchó, con una sonrisa que se dibujaba en sus labios, aunque sus ojos estaban fijos mientras observaban a la niña que tenÃa delante suyo.
—Me alegra ver que no eres aristocrática en tus gustos, pero no llego a entender del todo que encuentras en esa chica del asilo.
—RÃase de mà si quiere, pero me encanta. No puedo explicarle la razón, salvo que parece tan contenta y está tan ocupada, y canta tan maravillosamente; y además es fuerte, friega, barre y no sufre incomodidades que la atosiguen —dijo Rosa, enredando y mezclando sus razones en el esfuerzo por resultar clara.
—¿De dónde sabes todo eso?