Ocho primos
Ocho primos El tono en que hablaba Charlie era de indignación, y todo en él contrastaba con su natural alegre de costumbre.
—No pensaba sermonearte —le dijo Rosa—; pero es que cuando se quiere a una persona, no es posible verla sufrir.
Esto lo aplacó en el acto y fue una suerte, pues a Rosa le temblaban los labios y se esforzaba por ocultarlo aparentando oler la flor que habÃa sacado del cinturón.
—Tengo mal carácter y te pido que me perdones Rosa —dijo el chico vuelto de pronto a su franqueza cautivante de siempre.
—Me gustarÃa que le pidieras perdón a Archie también, y vuelvan a ser buenos amigos. Antes, cuando andabas siempre con él, no tenÃas este carácter, Charlie —dÃjole Rosa, levantando la vista para verlo apoyado como estaba en la chimenea.
Pero al instante Charlie se enderezó y se puso duro como un poste; y una chispa de indignación brilló en sus ojos mientras decÃa muy altanero:
—SerÃa mejor, querida prima, que no te metieras en las cosas que no entiendes.