Ocho primos
Ocho primos —Lo entiendo, y me duele muchÃsimo veros tan mal amigos y estirados. Antes andábais siempre juntos, y ahora apenas si os habláis. Ya que tan dispuesto estás a pedirme perdón, no veo porque no puedes hacer lo mismo con Archie, siendo asà que no tienes razón.
—Te equivocas —dijo rápidamente el chico y Rosa se asusto un poco. Luego Charlie agrego con calma—: Un caballero pide siempre perdón a una dama, pero un hombre no pide disculpas a otro hombre que lo ha ofendido.
—¡Oh, Dios mÃo! ¡Cuántas tonterÃas! —pensó Rosa, y confiada en hacerlo reÃr, agregó—: Yo no hablaba de hombres, sino de muchachos, y uno de ellos es un PrÃncipe, y como tal está obligado a dar el ejemplo a sus súbditos.
Pero Charlie no estaba dispuesto a ceder, y trató de esquivar el tema con gran astucia, diciendo con gravedad, mientras soltaba el pequeño anillo de oro de su cadena:
—He quebrantado mi palabra, de modo que quiero devolverte esto y relevarte de tu obligación. Lo siento mucho, pero me parece una promesa muy tonta y no tengo intención de mantenerla. Elije el par de zarcillos que más te plazca, pues tienes todo el derecho del mundo a usarlos.