Ocho primos
Ocho primos —En mi caso, no. Tratándose de un curita beato como Archie, tal vez.
—No te expreses asà de Archie. Sospecho que posee lo que llaman valor moral y tú valor fÃsico. El tÃo me explicó una vez la diferencia, y sacó la conclusión de que el mejor de todos es el valor moral, aunque no siempre lo parezca —dijo Rosa pensativa.
Esto no hizo gracia a Charlie, que respondió rápidamente:
—No creo que Archie seria más paciente que yo, si estos mismos muchachos la emprendieran con él.
—Tal vez por eso no se mezcla con ellos, y quiere que tú hagas lo mismo.
Aquà le ganó Rosa, y Charlie lo comprendió, pero con todo no quiso dar el brazo a torcer, aunque su resistencia se debilitaba rápidamente, pues como quiera que sea, en los rincones profundos de su cerebro, empezó a ver las cosas con más claridad que a la plena luz.
—Si fuese hermano mÃo, tendrÃa mayor derecho a meterse en mis cosas —dijo Charlie, aparentando sentirse ofendido.
—Ojalá lo fuera —dijo Rosa.
—También yo lo desearÃa.
Y después de pronunciadas estas últimas palabras, los dos echaron a reÃr al advertir su falta de firmeza.