Ocho primos
Ocho primos ÂżCUĂL?
âTĂo, he descubierto para quĂ© sirven las chicas âdijo Rosa un dĂa despuĂ©s de reconciliados Archie y el PrĂncipe.
âAh, bueno, hija mĂa⊠¿para quĂ©? âpreguntĂł el doctor Alec, que estaba montando guardia en la cubierta, como llamaba a su paseo diario por el corredor.
âCuidar de los chicos âcontestĂł la niña, rebosante de satisfacciĂłnâ. Febe se riĂł cuando se lo dije y me contestĂł que las chicas ya tienen bastante trabajo con cuidarse a sĂ mismas. Pero ella no tiene siete primos, como yo.
âSin embargo, Rosa, tiene razĂłn, y tĂș tambiĂ©n la tienes, pues ambas cosas andan juntas, y al mirar por siete muchachos contribuyes eficazmente a tu propio mejoramiento.
El doctor Alec se detuvo, meneĂł la cabeza y mirĂł sonriente la cara alegre de Rosa, que se habĂa sentado a descansar en el viejo sillĂłn de bambĂș, despuĂ©s de un interesante partido de raqueta y volante, ya que correr al aire libre no era posible en vista de la tormenta.
