Ocho primos
Ocho primos —Pero ¿encontrará distracción suficiente a mi lado? Ha de preferir los muchachos.
—No te preocupes que los muchachos andarán en torno suyo, pues irán donde tú vayas, como las abejas en pos de la reina. ¿No te has dado cuenta aún?
—La tÃa Abundancia dice que no venÃan aquà tan a menudo antes de estar yo, pero nunca supuse que se debiese a mà y me parecÃa la cosa más natural del mundo tenerlos cerca.
—Dama Modestia ignora que clase de imán es ella misma; pero algún dÃa lo descubrirá.
El doctor le acarició las mejillas, que el contento tornaba rosadas al pensar que fuese amada de ese modo.
—Y ahora —prosiguió el doctor, consciente del sacrificio que implica desviar a un chico de diecisiete años que cree ver por primera vez la vida, cuando en realidad lo que ve es la muerte—, si yo instalo el imán en la casa de tÃa Clara, es indudable que los chicos guiarán allà sus pasos, como el hierro o el acero; y Charlie se sentirá tan dichoso en casa, que ni un solo instante pensará en los otros.