Ocho primos
Ocho primos Era todo un espectáculo ver a la niña seria de carita plácida, en medio del enjambre de chicos altos, esforzándose por entenderlos, ayudarlos y complacerlos con paciente devoción que obró más de un milagro inadvertido. Las palabras impropias, las brusquedades y los hábitos descuidados fueron abandonados y corregidos en virtud de la presencia de la bella mujercita; y todas las virtudes varoniles que iban asomando tuvieron un estÃmulo en la admiración cordial que les dispensaba la niña, cuya opinión tenÃa para ellos más importancia de la que hubiesen reconocido en voz alta. Mientras tanto, Rosa procuraba imitar las buenas cualidades que alababa en ellos, poner de lado sus vanidades infantiles, y ser fuerte, justa, sincera y valiente además de modesta, hermosa y buena.
La prueba dio tan excelente resultado que cuando terminó el mes, Mac y Esteban exigieron a su vez una visita, y Rosa fue, anticipándose el placer de oÃr a la tÃa Juana diciendo, como dijo la tÃa Clara cuando se despidió:
—Me gustarÃa tenerte conmigo la vida entera, querida.
Después que Mac y Esteban quedaron complacidos, Archie y CompañÃa hicieron valer el derecho a tenerla consigo algunas semanas; y con ellos fue tan dichosa que de buen grado hubiera seguido allà toda la vida, siempre y cuando estuviese también el tÃo Alec.