Ocho primos
Ocho primos El doctor Alec experimentó alegrÃa sin lÃmites al recuperar su tesoro; mas como estaba por tocar a su término el año de prueba, temÃa en secreto que Rosa decidiese ir a vivir durante los doce meses siguientes con la tÃa Jessie, o aun la tÃa Clara, a causa de Charlie. Nada dijo, mas aguardó con ansiedad el dÃa en que hubiera de resolverse el punto; y mientras esperaba se esforzó al máximo por rematar dignamente la misión que habÃa iniciado bajo tan felices auspicios.
Rosa estaba muy contenta y se pasaba el dÃa entero fuera, gozando del brillante y hermoso despertar del mundo, pues la primavera era bella y temprana como si anhelase cumplir su cometido cuanto antes. Los añosos algarrobos florecieron en torno a sus ventanas, el jardÃn se cubrió de verdor como por mágico encanto, los capullos florecieron prestamente, los pájaros gorjearon por sobre su cabeza y todos los dÃas un coro de voces alegres la saludaba diciendo:
—Buenos dÃas, primita. ¿Verdad que tenemos un tiempo espléndido?