Ocho primos
Ocho primos —No puedo menos de pensar que yo, que he tenido una hija, sea la más capacitada para educar a una chica, y me sorprende mucho que Jorge no la haya dejado a mi cargo —dijo la tÃa Myra con aire de melancólica importancia, pues era la única que habÃa dado una hija a la familia, y estaba convencida de que se habÃa distinguido mucho, aunque la gente mal hablada solÃa asegurar que con tanto cuidarla la habÃa matado.
—No pienso tan mal de él, cuando recuerdo los experimentos peligrosos a que sometiste a la pobre Carrie —empezó a decir la señora Juana con áspera voz.
—Juana Campbell, no estoy dispuesta a escucharte una sola palabra. Mi santa Carolina es tema sagrado —gritó la tÃa Myra, haciendo ademán de dejarlas allà plantadas.
El doctor Alec la detuvo, convencido como estaba de que tenÃa que afirmar su posición y mantenerla virilmente, si querÃa lograr éxito en su nueva empresa.