Ocho primos

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CAPÍTULO 6

EL CUARTO DEL TÍO ALEC

Poco después de comer y antes de que hubiera conocido del todo la mitad de sus pertenencias, el doctor Alec le propuso un paseo para llevar la primera partida de obsequios a las tías y los primos. Rosa estuvo conforme en ir, más que nada por su ansiedad en probarse un cierto albornoz extraído del cajón, el cual no sólo tenía. una caperuza preciosa, sino que estaba lleno de borlitas que pendían en todas direcciones.

El coche se hallaba atestado de paquetes y aun el asiento de Ben estaba ocupado totalmente de mazas indias, un barrillete chino de tamaño colosal y un par de cuernos bruñidos, provenientes de África. El tío Alec, muy azul en las ropas y muy moreno en la cara, sentábase muy enhiesto, contemplando con interés los lugares conocidos, mientras Rosa, que se notaba extraordinariamente elegante y cómoda, se reclinaba en el asiento, envuelta en su capa suave e imaginando ser una princesa del Oriente que realizaba un viaje real entre sus súbditos.

En tres de los sitios sus visitas fueron breves, pues la tía Myra estaba peor que nunca del catarro, la tía Clara tenía muchas visitas y la —tía Juana denoto marcada tendencia a hablar de población, producciones y política de Europa, Asia y África, lo cual causó desazón al propio doctor Alec, motivando el que sintiese deseo de salir de allí cuanto antes.


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