Ocho primos
Ocho primos —Ahora dispondremos de tiempo —dijo Rosa, emitiendo un suspiro de satisfacción al tiempo que subÃan la colina por la cual se iba a casa de la tÃa Jessie—. ConfÃo que los chicos estén en casa.
—He dejado esto para nuestra última visita, con la expresa intención de que pudieras encontrar a los muchachos de vuelta de la escuela. SÃ, allà está Jamie en la puerta mirándonos y no tardaremos en divisar todo el clan. Siempre andan juntos.
Apenas Jamie vio quienes llegaban, silbó con toda la fuerza de sus pulmones y el eco le devolvió su silbido desde el prado, la casa, el granero, al tiempo que los primos salÃan de todas partes, gritando:
—¡Viva el tÃo AlEe!
Corrieron en dirección al carruaje como bandoleros de caminos, y lo despojaron de todos los paquetes, tomando prisioneros a los ocupantes y marchando con ellos a la casa en medio de un enorme alborozo.
—¡Mamá! ¡Mamá! Aquà vienen cargados de regalos. Baja a ver esto en seguida. ¡Pronto! —vociferaron Dimmy y Geordie, cuyos gritos se mezclaban con los ruidos del papel al rasgarse y las cuerdas que los chicos cortaban sin cuidado ninguno, todo lo cual no tardo en crear un caos en el cuarto.