Ocho primos
Ocho primos Y estaba en realidad bien aplicado, pues despuÉs de haber examinado las conchillas, se dedicó activamente a hurguetearlo todo y prosiguió sus investigaciones hasta que Archie la sorprendió chupando sus piezas de ajedrez para ver si eran de azúcar. También encontraron dibujos en papel de arroz arrugados en sus bolsillos y poco faltó para que reventase el huevo de avestruz de Will cuando quiso sentarse encima.
—Oye, Jim, llevatela; es más mala que el cuco, y no es posible que la tengamos aquà —ordenó el hermano mayor, tomándola y pasándola al pequeño, quien la recibió con brazos abiertos y dijo:
—Tengan cuidado en lo que hacen, porque estoy pensando adoptar a Pokey como Rosa adoptó a Febe, y entonces ustedes, los grandotes, tendrán que portarse muy bien con ella.
—Adóptala, sÃ, y te daremos una jaula para que la metas dentro, o de lo contrario no vas a tenerla contigo mucho, porque cada dÃa está peor —y Archie se volvió junto a sus camaradas, mientras la tÃa Jessie, anticipándose un trastorno, propuso que Jamie devolviese su muñequito a su casa, pues de allà la habÃa traÃdo y era hora que la visita tocase a su termino.
—Mi muñeca es mejor que la tuya, ¿no es verdad?, porque sabe andar, charlar, cantar y bailar y la tuya no.