Ocho primos
Ocho primos Esto lo dijo Jamie con orgullo, contemplando a su Pokey, que en aquel momento ejecutaba unos pasitos de baile y tarareaba un couplet muy conocido.
Después de esta pomposa exhibición, la nena se retiró, acompañada por Jamie. Los dos hacÃan un ruido ensordecedor soplando en las conchillas.
—Tenemos que irnos, Rosa, porque deseo que estés en casa antes de la caÃda del sol —dijo el doctor Alec cuando la música se perdió en la distancia—. ¿Vienes a dar un paseo, Jessie?
—No, gracias; pero como adivino que los chicos quieren distraerse un poco, propongo que ellos te acompañen y se vuelvan desde la puerta. Esto último no se permite más que los dÃas de fiesta.
—¡Alertas, chicos! —exclamó Archie, no bien tÃa Jessie hubo pronunciado las palabras anteriores—. Botas y monturas, y listos todos…
—¡Muy bien! —y al instante no quedó más rastro de ellos que el desorden y la suciedad en el piso.