Ocho primos
Ocho primos Encima colgaba un espejo antiguo y redondo, con un águila dorada en la parte superior, la cual sostenÃa en su pico el nudo de la cinta azul unida a la cortina de muselina que pendÃa a ambos lados de la mesa, sobre la cual habÃa pequeños cepillos de mangos de marfil, dos delgados candelabros de plata, una caja de cerillas hecha de porcelana, varias bandejitas para objetos diversos, y, lo más interesante de todo, un almohadón azul de seda, bellamente adornado con encaje y pequeñas rosas en los ángulos.
El almohadón sorprendió un tanto a Rosa; en realidad, toda la mesa le causó asombro y sonriendo con astucia pensaba:
—El tÃo es un hombre elegante, pero yo no lo hubiese adivinado jamás.
Mientras tanto, el tÃo Alec abrió la puerta de un armario grande, y moviendo la mano al desgaire dijo:
—A los hombres nos gusta tener mucho lugar para nuestras chucherÃas; ¿te parece que debo estar satisfecho?