Ocho primos
Ocho primos —No, señor; muy, pero muy agradable, y haré lo más que pueda para ser una buena paciente. Pero en realidad no creo que nadie sea capaz de sentirse enferma en este cuarto encantador —dijo ella, emitiendo un prolongado suspiro de satisfacción, mientras paseaba la mirada por todos aquellos objetos tan interesantes.
—¿Entonces te gustan mis medicinas más que las de la tÃa Myra, y no estás dispuesta a tirarlas por la ventana?