Ocho primos
Ocho primos UN VIAJE A LA CHINA
—Ven, querida; aquà tenemos otra receta para ti — —dijo el doctor Alec, después de, una semana continua de grandes sorpresas—. Sospecho que no la aceptarás de tan buen grado como la anterior, pero dentro de poco concluirá por gustarte.
Rosa estaba sentada en su cuartito, donde habrĂa pasado todo el tiempo si la dejasen; pero levantĂł la mirada sonriente, pues no le inspiraban tanto pavor los remedios de su tĂo y estaba siempre dispuesta aceptar los nuevos. El Ăşltimo habĂa sido una serie dĂ© herramientas de jardinero, con las cuales le ayudĂł a poner en orden los canteros, aprendiendo toda clase de cosas nuevas y agradables en torno a las plantas mientras trabajaba, pues aunque habĂa estudiado botánica en la escuela, todo aquello parecĂa muy aburrido si se lo comparaba con las lecciones prácticas del tĂo Alec.
—¿De qué se trata ahora? —preguntó cerrando su neceser sin murmullo alguno.
—Agua salada.
—¿Y cómo debo tomarla?
—Ponte el nuevo traje que la señorita Hemming mandó ayer, y baja a la playa; allà te enseñaré.
—Muy bien —dijo la niña muy obediente, agregando para sus adentros, mientras temblaba al solo pensar en esto—: Es muy temprano para bañarse, pero algo tendrá que ver con esto aquel bote tan temible.
