Ocho primos
Ocho primos Detrás de ellos, el verde hormiguero de las tÃas se erguÃa en una elevación, y a lo largo de la orilla se veÃan casas familiares, señoriales, bonitas o pintorescas. Cuando doblaron la Punta. la aran bahÃa se abrió ante su vista llena de embarcaciones y a lo lejos divisábase la ciudad, cuyas torres sobresalÃan por entre masa de mástiles con alegres gallardetes.
—¿Vamos hacia allÃ? —preguntó la niña embelesada con el aspecto de aquella ciudad opulenta y activa que jamás habÃa visto.
—SÃ. El tÃo Mac tiene un barco que acaba de venir de Hong—Kong, y se me ocurrió que te gustarÃa verlo.
—Claro que sÃ. Me encanta curiosear en los almacenes con el tÃo Mac, porque todo en ellos es tan interesante y nuevo para mÃ. La China me apasiona singularmente porque es un paÃs donde usted ha estado.
—Te enseñaré dos chinos legÃtimos que acaban de llegar. Vas a encantarte dando la bienvenida a Whang Lo y Fun See.
—No me pida que les hable, tÃo; lo más seguro es que me rÃa de sus nombres raros, sus coletas y sus ojos rasgados. Usted déjeme correr alrededor suyo, que será lo mejor.
—Muy bien. Pongamos proa hacia el muelle donde se encuentra el barco de bandera curiosa. Se llama Rajah. Si se puede, subiremos.