Eugenio Oneguin
Eugenio Oneguin La inesperada aparición de Onieguin, la ternura instantánea de su mirada y su extraña conducta con Olga, han herido a Tatiana hasta el fondo de su alma. De ninguna manera puede comprenderlo. Una angustia celosa la atormenta, y es como si una mano helada le oprimiese el corazón, como si viese bajo sus pies un sombrÃo y fragoso abismo. «Moriré —dice Tania—; pero la muerte recibida por él es agradable. No me lamento. ¿Para qué lamentarme? Él no puede darme la felicidad».
¡Adelante, adelante, novela mÃa! Un nuevo personaje nos llama. A cinco verstas de Krasnogorie, el pueblo de Lenski, vive Zaretski, en su desierto filosófico, gozando de perfecta salud; el que en sus tiempos fue un alborotador, cabecilla de una banda de jugadores de cartas y de unos aturdidos calaveras, asà como tribuno de una taberna. Hoy dÃa es bueno y sencillo, padre de familia, aunque soltero; amigo seguro, apacible terrateniente y hasta persona honrada. ¡Asà nos corrige nuestro siglo!