Eugenio Oneguin

Eugenio Oneguin

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Era verdaderamente una escena de novela.

—Y ésta es mi hija Tatiana.

—¡Ay, Tania, acércate a mí!; parece como si estuviera delirando en sueños.

—Prima, ¿te acuerdas de Grandison?

—¿Cómo? ¿Grandison? ¡Ah, Grandison! Sí, me acuerdo, me acuerdo.

—¿En dónde está?

—En Moscú; vive en el barrio Simeón y me visitó. Hace poco que casó a su hijo.

—¿Y aquél…?

—Bueno; después nos contaremos todo, ¿verdad? Mañana mismo presentaremos a Tania a toda la familia. ¡Qué lástima, no tengo fuerzas para hacer visitas! Apenas consigo arrastrar los pies. Pero debéis de estar muertas después del viaje; vamos juntas a descansar. ¡Ay!, no tengo fuerzas; mi pecho está fatigado; ahora, no sólo me es penosa la tristeza, sino también la alegría. ¡Alma mía, ya no sirvo para nada! Al llegar a la vejez, la vida no es más que una porquería.

Y en este punto, completamente agotada, llorando, empezó a toser.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker