Eugenio Oneguin
Eugenio Oneguin Tatiana se esfuerza en seguir la conversación general; mas en el salón todos están ocupados con unas futilidades tan vulgares, tan sin sentido, tan apagadas; tan indiferentes. Hasta calumnian con aburrimiento en un lenguaje frío y estéril; durante todo el día, en las preguntas, los chismes, las noticias, no reluce ni un solo pensamiento, aunque sea inopinadamente; la inteligencia cansada no sonríe, y el corazón no se estremece ni aun por una broma. ¡Ni siquiera se encuentra en ti una ocurrencia salada, sociedad fútil!
Unos cuantos jóvenes, que ya deberían estar archivados, se ponen a mirar a Tania con insolencia y hablar con malevolencia de ella. Uno de ellos, un triste bufón, la encuentra ideal y, apoyado en la puerta, le prepara una elegía.