Eugenio Oneguin
Eugenio Oneguin —Fuere lo que fuese, mira. En aquel grupo, ¿ves?, allà delante, donde hay dos con uniforme, ese que se aparta, ese que se ha puesto de lado…
—¿Quién? ¿Aquel general gordo?
Más aquà vamos a felicitar a mi querida Tatiana por su conquista, y vamos a dejarla seguir su camino, para no olvidarnos de quien celebro. Me refiero a mi joven amigo y sus numerosas fantasÃas. «¡Oh musa épica, bendice mi largo trabajo, y, entregándome el fiel cayado, no permitas que me extravÃe!». Pero ¡basta!, sacudo el peso de mis hombros, Reconozco las leyes del clasicismo, y, aunque tarde, esto es el final de mi introducción.