Eugenio Oneguin
Eugenio Oneguin Pasa el amor, aparece la musa y se despeja mi sombrÃa inteligencia; otra vez libre, busco la unión entre los mágicos sonidos, los sentidos y los pensamientos. Escribo, y el corazón no se aflige; la pluma, al contacto de los versos incompletos, olvidándose, no describe ni los piececitos, ni las cabezas de mujer; la ceniza apagada ya no se inflama. Sigo estando triste; pero ya no tengo lágrimas, y muy pronto en mi alma se calmarán los restos de la tempestad. Entonces empezaré un poema de veinticinco cantos. Ya he pensado en la forma y en el nombre del héroe. Por ahora he terminado el primer capÃtulo de mi novela. Lo repasaré severamente. Sé que hay muchas contradicciones; pero no quiero arreglarlas. Pagaré mi deuda a la censura, y para la crÃtica entregaré los frutos de mi trabajo. Mostraré a orillas del Neva[14] mi recién nacida creación para alcanzar los dones de la gloria: las malas interpretaciones, los reproches y las discusiones.