Eugenio Oneguin
Eugenio Oneguin Quién te ame más que yo,
que escriba después de mÃ.
AquÃ, sin falta, encontrarás dos corazones, la antorcha y las flores; leerás juramentos de amor hasta la tumba y un versito mordaz, invento de un poeta de infanterÃa. Reconozco, amigos mÃos, que en un álbum asà estarÃa contento de escribir, convencido en el alma de que cualquier amable ridiculez mÃa merecerá una benévola mirada, y después nadie se pondrá a buscar con gravedad y una sonrisa maligna si yo mentà con astucia. Pero vosotros, tomos en desorden de la biblioteca del diablo, tormento de los rimadores a la moda, que no sois más que preciosos álbumes adornados rápidamente por la mano de Baratinski y el pincel maravilloso de Tolstoi, ¡que un rayo de Dios os queme! Cuando una brillante dama me tiende su in-quarto, se apoderan de mà la rabia y el temblor; en el fondo de mi alma surge un epigrama, y ¡piden que se les escriban madrigales!
Lenski no escribe madrigales en el álbum de la joven; su pluma, respirando amor, no brilla con frÃa perversidad. Todo lo que en su Olga ve y oye lo escribe, y las elegÃas, llenas de viva sinceridad, manan como rÃos. Asà tú, Yazikov, inspirado por los brÃos de tu corazón, celebras a alguien desconocido, y el conjunto de tus inapreciables elegÃas representará para ti toda la novela de tu vida.