Eugenio Oneguin
Eugenio Oneguin No tengo tiempo de enumerar todo cuanto sabía Onieguin; pero en lo que era un verdadero genio, lo que conocía más a fondo, lo que desde su juventud era para él trabajo, sufrimiento y alegría, lo que ocupaba todo el día de su pereza y hastío, era la ciencia de la dulce pasión que cantó Ovidio Nasón, y por la que acabó como un mártir su vida brillante y turbulenta en la profundidad de las estepas de Moldavia, lejos de Italia. El ímpetu del corazón, engaño encantador, nos hace sufrir muy pronto. No es la Naturaleza la que nos enseña el amor, sino madame de Staël y Chateaubriand.