El dÃa que dejó de nevar en Alaska
El dÃa que dejó de nevar en Alaska —No puedo —le dice, con la voz quebrada, cuando Nilak intenta detenerla. —No eres la única que sufre, Heather —responde él, sin rastro de reproche, pero tampoco de esperanza.
Heather vuelve a encerrarse en sà misma. La cabaña, antes un refugio, ahora es una celda. John Bale intenta acercarse, ofrecer su ayuda de la única manera que sabe: con leña, café caliente y silencios respetuosos. Pero Heather apenas responde.
Seth, siempre luminoso, también lo nota. Intenta animarla en el bar, hacerla reÃr, pero Heather siente que todo esfuerzo es en vano. La herida es demasiado profunda.
Por las noches, los recuerdos regresan como cuchillas. Recuerda a su familia, a los amigos que traicionó, a la Heather que huyó tantas veces que terminó perdiéndose a sà misma. El peso de su pasado y de las revelaciones de Nilak la aplastan.
Mientras tanto, Nilak se aÃsla aún más. Evita mirarla, evita hablarle. Solo Caos parece intentar mantener un hilo entre ellos, siguiéndola a todas partes, como si supiera que su dueña estaba al borde del colapso.