Divina Comedia

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—Maestro mío, si puedes, procura saber quién es ese desgraciado que ha caído en manos de sus adversarios.

Mi Guía se le acercó y le preguntó de dónde era; a lo que respondió:

—Yo nací en el reino de Navarra. Mi madre me puso al servicio de un señor; ella me había engendrado de un pródigo, que se destruyó a sí mismo y disipó su fortuna. Después fui favorito del buen rey Tebaldo y me lancé a comerciar con sus favores; crimen de que doy cuenta en este horno[175].

Y Ciriatto, a quien salía de cada lado de la boca un colmillo como el de un jabalí, le hizo sentir lo bien que uno de ellos hería. Entre malos gatos había caído aquel ratón: porque Barbariccia lo sujetó entre sus brazos diciendo: «Quedaos ahí mientras yo lo ensarto». Y volviendo el rostro hacia mi Maestro añadió: «Preguntadle aún, si deseáis saber más, antes de que los otros lo destrocen».

Mi Guía preguntó:

—Dime, pues, si entre los otros culpables que están sumergidos en esa pez conoces algunos que sean italianos.

A lo que contestó:

—Acabo de separarme de uno que fue de allí cerca. ¡Así estuviera, como él, bajo la pez: no temería ahora ni la garra ni los garfios!


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