Divina Comedia
Divina Comedia —¿QuerrÃais decirnos si hacia la derecha hay alguna abertura por donde podamos salir los dos, sin obligar a los ángeles negros a que nos saquen de este abismo?
Aquél respondió:
—Más cerca de lo que esperas se levanta una peña que parte del gran cÃrculo y atraviesa todas las terribles fosas; pero está cortada en ésta y no continúa sobre ella. Podréis bajar por las ruinas que existen en el declive de su falda y llegar hasta el fondo.
Mi GuÃa permaneció un momento con la cabeza inclinada y después dijo:
— ¡Cómo nos ha engañado aquel que ensarta con su garfio a los pecadores al no avisarnos de este obstáculo!
Y el fraile repuso:
—He oÃdo referir en Bolonia los numerosos vicios del demonio, entre los cuales no era el menor el ser falso y padre de la mentira.
Entonces mi GuÃa se alejó precipitadamente con el rostro turbado por la cólera; en consecuencia, me alejé también de aquellas almas que soportaban tanto peso, y seguà las huellas de los pies queridos.