Divina Comedia
Divina Comedia —Dentro del fuego están los espÃritus, cada uno revestido de la llama que lo abrasa
—¡Oh, Maestro! —respond×; tus palabras han hecho que me cerciore de lo que veo, pero ya lo habÃa pensado asà y querÃa decÃrtelo. Mas dime: ¿quién está en aquella llama que se divide en su parte superior y parece salir de la pira donde fueron puestos Etéocles y su hermano[202]?.
Me contestó:
—Allà dentro están torturados Ulises y Diomedes; juntos sufren aquà un mismo castigo, como juntos se entregaron al mismo pecado. En esa llama se llora también el engaño del caballo de madera que fue la puerta por donde salió la noble estirpe de los romanos. Llórase también el artificio por el que Deidamia, aun después de muerta, se lamenta de Aquiles; y se sufre además el castigo por el robo del Paladión[203].
—Si es que pueden hablar en medio de las llamas —dije yo—, Maestro, te pido y te suplico, y asà mi súplica valga por mil, que me permitas esperar que esa llama dividida llegue hasta aquÃ; mira cómo, arrastrado por mi deseo, me abalanzo hacia ella.
A lo que me contestó:
—Tu súplica es digna de alabanza y yo la acojo; pero haz que tu lengua se reprima y déjame hablar a mÃ, pues comprendo lo que quieres, y quizá ellos, siendo griegos, desdeñarÃan contestarte[204].