Divina Comedia
Divina Comedia —Mira cómo me desgarro; mira cuán estropeado está Mahoma. AlÃ, mi sucesor, va delante de mà llorando, con la cabeza abierta desde el cráneo hasta la barba. Todos los que aquà ves han vivido antes en la tierra, pero por haber diseminado el escándalo están aquà hendidos del mismo modo. En pos de nosotros viene un diablo que nos hiere cruelmente, dando tajos con su afilada espada a cuantos alcanza en esta multitud de pecadores, luego que hemos dado una vuelta por esta lamentable fosa; porque nuestras heridas se cierran antes de volvernos a encontrar con ese demonio. Pero tú, que estás husmeando desde lo alto del escollo, quizá para demorar tu marcha hacia el suplicio que te haya sido impuesto por tus culpas, ¿quién eres?
—Ni la muerte le alcanzó aún ni le traen aquà sus culpas para que sea atormentado —contestó mi Maestro—, sino que ha venido para conocer todos los suplicios. Yo, que sà estoy muerto, debo guiarlo por cada uno de los cÃrculos del profundo Infierno, y esto es tan cierto como que te estoy hablando.
Al oÃr estas palabras, más de cien condenados se detuvieron en la fosa para contemplarme, haciéndoles la sorpresa olvidar su martirio.