Divina Comedia
Divina Comedia —¡Oh! —le dije yo—; no temas decirme quién es la otra sombra que va con él, antes de que desaparezca, y ojalá no venga a hincarte los dientes en el cuerpo.
Me contestó:
—Es el alma antigua de la perversa Mirra[227], que fue amante de su padre contra las leyes del amor honesto; para cometer tal pecado se disfrazó bajo las formas de otra; como aquel otro que ya se aleja, que no tuvo inconveniente en fingirse otro para falsificar un testamento y ganarse asà como premio la yegua.
Cuando hubieron pasado aquellas dos almas furiosas, sobre las cuales habÃa tenido fija mi vista, me volvà para mirar las sombras de los otros mal nacidos. Vi uno que pareciera un laúd si hubiera tenido el cuerpo cortado en el sitio donde el hombre se bifurca[228]. La pesada hipocresÃa, que a causa de los humores convertidos en maligna sustancia hace los miembros tan desproporcionados que el rostro no se corresponde al vientre, le obligaba a tener la boca abierta, pareciéndose al hético que, cuando está sediento, dirige uno de sus labios hacia la barba y otro hacia la nariz.