Divina Comedia
Divina Comedia —Si allà dije una falsedad, en cambio tú falsificaste el cuño —dijo Sinón—, y si yo estoy aquà por una falta, tú lo estás por muchas más que ningún otro.
—Acuérdate, perjuro, del caballo —replicó aquel que tenÃa el vientre hinchado—, y sÃrvate de castigo el que el mundo entero conoce tu delito.
—SÃrvate también a ti de castigo la sed que tiene agrietada tu lengua —contestó el griego— y el agua podrida que eleva tu vientre como una barrera ante tus ojos.
Entonces el monedero replicó:
—También tú boca se rasga por hablar mal, como acostumbra; si yo tengo sed y si el humor me hincha, tú tienes fiebre y te duele la cabeza; no te harÃas mucho de rogar para lamer el espejo de Narciso[231].
Yo estaba escuchándolos atentamente, cuando me dijo mi Maestro:
—Sigue, sigue contemplándolos aún, que poco me falta para reÃrme de ti[232].