Divina Comedia
Divina Comedia —Te lo diré cuando pongamos nuestros pies sobre la triste orilla del Aqueronte[41].
Entonces, avergonzado y con los ojos bien bajos, temiendo que le disgustasen mis preguntas, me abstuve de hablar hasta que llegamos al rÃo. En aquel momento vimos un anciano cubierto de canas que se dirigÃa hacia nosotros en una barquichuela, gritando: «¡Ay de vosotros, almas perversas! No esperéis ver nunca el Cielo. Vengo para conduciros a la otra orilla, donde reinan eternas tinieblas, en medio del calor y del frÃo. Y tú, alma viva, que te presentas aquÃ: aléjate de entre esas que están muertas». Pero cuando vio que yo no me movÃa, dijo: «Llegarás a la playa por otra orilla, por otro puerto, mas no por aquÃ. Para llevarte se necesita una barca más ligera[42]».
Y mi guÃa le dijo:
—Carón, no te irrites. Asà ha sido dispuesto allà donde se puede todo lo que se quiere. Y no preguntes más[43].